Entre abril y junio, una obra habitó el Museo de las Aguas de AYSA. Era un mar, o un cielo. O los dos. Un paisaje abstracto compuesto por 26 piezas: fragmentos de luz, color y emoción suspendida. No buscaba contar una historia sino invocar una sensación. Esa obra no quiso quedarse quieta. Pidio transformarse, seguir respirando. Así nace ENTRELUZ: una cápsula de indumentaria que lleva esa misma obra al movimiento en su uso. Cada prenda nace de una de las 26 piezas originales. Cada una es única, como un instante atrapado en tela. En primavera, ENTRELUZ florece. Es un puente entre la pintura y el cuerpo. Entre lo que fuimos, lo que sentimos, lo que llevamos con nosotros. Esto no es solo ropa, Es arte que se vuelve piel.